El Termómetro de la Autoestima

Una forma de entender la autoestima sería verla como la distancia que separa la imagen actual que tengo de mí y la imagen ideal de lo que me gustaría llegar a ser.  Nuestra autoestima sería inversamente proporcional a la distancia que separa ambos conceptos que poseo sobre mi. Es decir, a mayor distancia menor autoestima.

La opinión que tenemos de nosotros mismos está muy influenciada por nuestras actitudes, nuestras creencias y nuestros valores, por nuestro estilo de pensar, sentir y responder, en definitiva, por nuestra forma de interpretar y actuar sobre el mundo.  En esta balanza también sopesamos los resultados de las comparaciones que hacemos con las personas de nuestro entorno social  y las opiniones que creemos que los demás tienen de nosotros. Tampoco podemos olvidar nuestra imagen corporal, nuestro patrimonio económico o los estereotipos y calificativos que nos impone la sociedad como atractivos.

Sabemos que los pensamientos y las emociones que suelen estar vinculados a una autoestima positiva hablan de competencia, confianza, seguridad o incluso de orgullo hacia uno mismo. También conocemos que en el polo negativo residirán ideas de reproches, sentimientos de fracaso, vergüenza, culpa, decepción y frustración. Pues bien, si partimos del hecho de que nuestros pensamientos van a articular nuestros sentimientos, cambiar nuestra forma de pensar será el motor de influencia hacia nuevas formas de querernos. Identificar los pensamientos ilógicos y desautorizarlos sería un primer paso para vernos de manera más positiva.

Algunas de las técnicas que nos pueden ayudar a darle un giro a nuestra forma de pensar son:

  • Análisis de pruebas: Plantear todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos y desearíamos cambiar. Preguntarnos en qué nos basamos para pensar que estas actitudes son realmente negativas y si habría una forma más positiva de verlas.
  • Análisis de coste-beneficios: Escribir en una columna las desventajas que supone mantenernos en esta forma negativa de vernos; y en otra columna todas las ventajas que supondría seguir teniendo esta visión negativa de nosotros y nos dificulta cambiar todo aquello que no nos satisface.
  • Análisis  de encuestas: Plantear a otras personas sobre la opinión que les merece mis pensamientos, sentimientos y actitudes nos ayudará a determinar si son o no realistas.
  • Cambiar el paradigma de interpretación: La mayor parte de ocasiones somos más intransigentes con nosotros mismos que con otras personas. Cultivar la autoestima es dirigirse a  uno mismo como si hablara con un amigo íntimo que se encontrara en apuros.
  • Reatribución. Dejar de malgastar todas nuestras energías en sentirnos víctimas de nosotros mismos. Debemos valorar en qué medida somos nosotros los que favorecemos una autoestima negativa y en qué medida son factores externos los que están contribuyendo.

Entendamos la autoestima como una forma de aceptar la realidad de lo que somos, y a partir de aquí, trabajar en desarrollar nuestro potencial, definiendo qué es lo que queremos hacer y a dónde queremos llegar.

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