El deporte. El gran aliado de la psicología

Nuestra mente tiene el poder de recomponerse a lo largo del día, o mejor dicho, de la noche. Ahora bien, no siempre contamos con todos los factores necesarios para que este proceso natural se lleve a cabo con éxito. Las circunstancias, tanto del entorno como de nuestro propio bienestar físico, no siempre son las idóneas y si no conseguimos equilibrar pronto estas condiciones podríamos dirigirnos hacia un malestar psicológico del que no siempre sabremos cómo salir.

Los aliados que tiene la psicología para atajar los problemas de las personas son muchos y valiosos y, entre ellos, quizás sea el deporte el  que últimamente esté adquiriendo mayor popularidad como el mejor compañero de terapia.

¿Qué le aporta el deporte a la psicología?

Hacer ejercicio mejora la salud mental, ya que favorece la producción y liberación de ciertos neurotransmisores involucrados en la respuesta de la felicidad, como son las endorfinas. Adicionalmente, el deporte también favorece la modulación eficaz del estrés liberando una sustancia llamada norepirefrina. Si practicamos un ejercicio moderado y cómodo aumentaremos los niveles de triptófano en el cerebro. Este aminoácido es un precursor de la serotonina, neurotransmisor encargado de modular nuestro estado de ánimo, emociones, sueño y apetito.

La práctica habitual de ejercicio aeróbico también está relacionada con una optimización del rendimiento intelectual. Diversos estudios han encontrado mejores respuestas en la adquisición de nuevos aprendizajes, proceso de recuperación de información, capacidad de atención, planificación de actividades complejas y de la velocidad con la que nuestro cerebro procesa la información. Pruebas de imagen cerebral han constatado que el deporte aumenta el volumen de ciertas regiones cerebrales, entre ellas el hipocampo relacionado directamente con estas funciones cognitivas.

El ejercicio nos va ayudar a renovar la relación y la imagen que tenemos con nosotros mismos, nos impulsa a reformar nuestra alimentación, eleva nuestra autoestima y motivación, aumenta nuestra calidad sexual y nos da mayor seguridad en las relaciones. En definitiva, nos ayuda a extraer lo mejor de nosotros mismos.

Y ahora, ¿cuándo empezamos?.

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