Un día frente al estrés

El estrés es una respuesta fisiológica de nuestro organismo ante ciertas situaciones donde se nos exige un rendimiento muy superior al normal. En episodios cotidianos, el estrés suele ser positivo y adaptativo, sin embargo, cuando se prolonga o se intensifica en el tiempo, el estrés puede provocar diversos trastornos físicos y psicológicos.

Un día haciéndole frente al estrés:

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Alimentos que nos hacen felices

Nuestro equilibrio emocional, estado de ánimo, memoria, deseo y conducta sexual, sueño, comportamiento social y apetito están regulados por la misma sustancia que actúa en el cerebro, la SEROTONINA.

Este neuroquímico debe producirse en el interior de nuestro cerebro ya que no puede cruzar la barrera hemato-encefálica, es decir, por mucha serotonina que ingiramos no podría llegar a nuestro cerebro. Así pues, es imprescindible que nuestro organismo sea capaz de fabricar diariamente la cantidad que necesita, y para ello, nuestro cerebro va a precisar de un aminoácido esencial que sí va a estar presente en numerosos alimentos, el TRIPTÓFANO.

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El deporte. El gran aliado de la psicología

Nuestra mente tiene el poder de recomponerse a lo largo del día, o mejor dicho, de la noche. Ahora bien, no siempre contamos con todos los factores necesarios para que este proceso natural se lleve a cabo con éxito. Las circunstancias, tanto del entorno como de nuestro propio bienestar físico, no siempre son las idóneas y si no conseguimos equilibrar pronto estas condiciones podríamos dirigirnos hacia un malestar psicológico del que no siempre sabremos cómo salir.

Los aliados que tiene la psicología para atajar los problemas de las personas son muchos y valiosos y, entre ellos, quizás sea el deporte el  que últimamente esté adquiriendo mayor popularidad como el mejor compañero de terapia.

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5 pasos para superar los atracones de comida

En numerosas ocasiones frente a este trastorno alimentario se cuestiona la fuerza de voluntad del que lo sufre. Se piensa que todo se podría solucionar aplicando un poco de esfuerzo y ganas. Pero no es así, la necesidad imperiosa por comer no siempre se puede controlar. Comer alivia en un primer momento, pero el sentimiento de haber actuado mal genera mayor ansiedad surgiendo la necesidad de liberar este malestar, ésto es, volver a comer.

Se come sin ganas, a escondidas, rápido, muy rápido, para que nadie te vea. Se come maldiciendo cada bocado y a veces llorando, pero se come hasta el dolor y las náuseas. La fuerza de voluntad, los pensamientos y las emociones están secuestradas por este otro yo que no soy YO.

Liberarnos de esa otra personalidad destructiva es tarea compleja y difícil pero no imposible.

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7 hábitos para fortalecer tu fuerza de voluntad

Nuestra motivación se alimenta de nuestros deseos, impulsos, expectativas, valoraciones o necesidades; y éstos a su vez son determinantes del grado de compromiso que nos sitúa en el firme propósito de conseguir nuestros objetivos. Pues bien, justo en el espacio que resta entre nuestra intención y nuestras acciones es donde se emplaza la fuerza, donde encontramos la voluntad.

No soy de las que piensa que muchos de nuestros objetivos son inalcanzables, pero tampoco soy de las que cree que el mero hecho de convencerme que lo lograré es suficiente para conseguirlos. Estar motivados es un gran paso pero insuficiente sin generar un compromiso que lo sostenga.

Por ello, los siguientes hábitos te ayudarán a generar y conservar la motivación y a fortalecer la voluntad que te permitirá alcanzar tus propósitos:

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El Termómetro de la Autoestima

Una forma de entender la autoestima sería verla como la distancia que separa la imagen actual que tengo de mí y la imagen ideal de lo que me gustaría llegar a ser.  Nuestra autoestima sería inversamente proporcional a la distancia que separa ambos conceptos que poseo sobre mi. Es decir, a mayor distancia menor autoestima.

La opinión que tenemos de nosotros mismos está muy influenciada por nuestras actitudes, nuestras creencias y nuestros valores, por nuestro estilo de pensar, sentir y responder, en definitiva, por nuestra forma de interpretar y actuar sobre el mundo.  En esta balanza también sopesamos los resultados de las comparaciones que hacemos con las personas de nuestro entorno social  y las opiniones que creemos que los demás tienen de nosotros. Tampoco podemos olvidar nuestra imagen corporal, nuestro patrimonio económico o los estereotipos y calificativos que nos impone la sociedad como atractivos.
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